Un sitio en el que apetezca estar: qué hacer cuando tu hijo no quiere entrar a clase
En este artículo aprenderás:
- Que un niño no quiera entrar a clase es normal, incluso si ya conoce la academia y a la profesora.
- Antes de tranquilizarle, conviene preguntar qué siente: no siempre es miedo.
- Un lugar seguro no es donde nadie llora, sino donde puedes llorar y alguien te acompaña.
Los primeros días de clase siempre son un momento especial, porque llega alumnado nuevo, hay que aprender nombres, descubrir cómo es cada niño o niña y empezar a construir esa confianza que hará que, poco a poco, puedan sentirse cómodos/as en clase.
Hay muchas miradas amables, tiempo para observar, para conocerlos y para ir creando complicidad. Especialmente con los más pequeños, una parte importante de mi trabajo consiste precisamente en acompañarles a ellos y a sus familias durante ese proceso de adaptación.
Cuando quien no quiere entrar a clase es un alumno que ya conoce la academia
Pero esta semana ocurrió algo que me hizo pensar. El alumnado que más problemas tuvo no era nuevo.
Para no decir los nombres reales de los niños, les vamos a llamar: Levi y Abbey.

Levi
Tiene 4 años y ya había venido el curso pasado. Después de 2 meses sin vernos, volvía a la academia y aquel día no quería separarse de su madre.
Había niños nuevos en clase a los que todavía no conocía. Todo era un poco diferente y él quería quedarse con ella.
*Imagen representativa del niño de esta historia.

Abbey
Ya lleva varios años en Equipo Idiomas. Sin embargo, este curso su grupo todavía no había empezado y, durante los primeros días, iba a estar sola en clase. Y no le gustó nada la idea.
Cuando abrí la puerta, Abbey estaba llorando.
En algún momento su madre le dijo algo parecido a: «No hagas esperar a Laura», y ahí me di cuenta de que yo no era el centro de aquella situación. No importaba que yo estuviese esperando, lo importante era entender qué le estaba pasando a Abbey.
*Imagen representativa de la niña de esta historia.
Los niños también tienen derecho a no querer entrar a clase
Porque no pasa nada por estar triste. No pasa nada por estar nervioso. No pasa nada por no querer entrar. Y tampoco pasa nada porque, aunque ya hayas venido muchas veces, un día no tengas ganas de hacerlo.
A veces parece que esperamos que los niños estén contentos cuando llegan a un sitio que les gusta. Que, si ya conocen a la profesora, a sus compañeros o el espacio, deberían entrar sin problemas. Pero las emociones no funcionan así.
Los niños también pueden tener un mal día. Pueden echar de menos a su madre. Pueden sentirse incómodos ante algo nuevo. Pueden no querer estar solos. Pueden estar nerviosos, tristes o simplemente no tener ganas. Y creo que tienen derecho a sentir todo eso sin que nadie les haga pensar que están haciendo algo mal.
Cómo acompañamos a un niño que no quiere entrar
Con Levi decidimos no obligarle a entrar inmediatamente. Se quedó un rato en la entrada con su madre. Yo me asomaba por la puerta y le iba enseñando lo que estábamos haciendo.
Le hacía preguntas y hablaba con él. No estaba preparado para entrar, pero eso no significaba que tuviera que quedarse completamente fuera. Poco a poco, le propuse entrar con su madre. Y entró. Al cabo de un rato, su madre pudo irse y Levi se quedó con nosotros.
Con Abbey primero intenté entender qué estaba ocurriendo. Nos sentamos juntas y estuvimos hablando. Le fui preguntando sin juzgar sus respuestas.
| Y se quedó callada. Repetí la pregunta con tono de curiosidad: «¿Estás así porque crees que te vas a aburrir en clase tú sola?». Y entonces me dijo que sí. |
No tenía sentido intentar tranquilizarla diciéndole que no tuviera miedo cuando no era miedo lo que sentía. Estaba preocupada porque pensaba que iba a aburrirse estando sola en clase. Y eso también era válido.
Hablamos sobre lo que íbamos a hacer aquel día. Le expliqué las actividades que tenía preparadas y le dije que iría avisándola cada cierto tiempo de cuánto faltaba para que volviese su madre. También le propuse que, si estar sola en clase se le hacía demasiado difícil, podíamos buscar otro grupo en el que pudiera estar hasta que el suyo comenzase.
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Grupos reducidos, aprendizaje a través del juego y una profesora que conoce a cada alumno.
Qué significa para Equipo Idiomas ser un lugar seguro para los niños
Primero intentamos entender lo que estaba pasando. Y después buscamos juntas una solución. Y, cuando pienso en estas dos situaciones, creo que eso es parte de lo que quiero construir en [Equipo Idiomas](URL landing niños): un sitio en el que apetezca estar.
Pero no un sitio en el que todo el mundo tenga que estar siempre contento. Porque eso no existe. Todos tenemos días en los que no queremos ir a algún sitio, momentos en los que estamos tristes, nerviosos o incómodos. Los niños también. Y creo que merecen ser tratados con respeto incluso cuando no quieren estar en algún sitio.
Para mí, un lugar seguro no es un lugar en el que nadie llora. Es aquel en el que puedes llorar sin que nadie te haga sentir que estás haciendo algo mal. Un lugar en el que puedes decir «no quiero entrar» y alguien intenta entender por qué. Eso es lo que me gustaría que fuese Equipo Idiomas.
Un sitio al que apetezca venir, pero en el que también puedas estar cuando no te apetece.
Porque quizá sentirse seguro en un lugar no significa estar siempre contento en él. Quizá significa saber que, incluso en los días en los que estás triste, nervioso o simplemente no quieres entrar por la puerta, habrá alguien dispuesto a sentarse contigo, escucharte y acompañarte un rato.
3 ideas si tu hijo no quiere entrar a clase
No le metas prisa
Ni le hagas sentir que está haciendo algo mal por no querer entrar.
Pregúntale qué siente
Sin dar por hecho que es miedo: puede ser vergüenza, nervios o, como a Abbey, miedo a aburrirse.
Déjale entrar poco a poco
Primero mirando desde la puerta, luego acompañado y, cuando esté preparado, solo.
Si quieres saber más sobre cómo trabajamos, te recomiendo leer ¿Por qué es tan importante el juego en el aprendizaje del inglés?
